jueves, 8 de agosto de 2013

Una vida perfecta

Los niños duermen. Cenamos. Una ducha. ¿Un helado o un vaso de leche? Un ratito para mí. Estoy muy cansada. El día ha sido duro pero necesito parar y desconectar antes de ir a la cama. A menudo me ayuda en esa tarea encender el ordenador y consultar algunos blogs, ya sean de cocina o de las vidas de mujeres anónimas que nada tienen que ver conmigo.
Las primeras llevo años consultándolas. Veo fotos, ingredientes y resultados. Y ahí queda todo porque en pocas ocasiones he dado el siguiente paso: cocinar. Que sí, que ahora con dos niños tan pequeños es imposible hacer nada pero, ¿qué pasaba antes? No consigo recordar a qué dedicaba mi tiempo antes de ser mamá.
Y eso me lleva a hablar del segundo tipo: las que cuentan el día a día de mujeres guapas, independientes, trabajadoras, con niños recién salidos de la lavadora y un marido con barba perfectamente cuidada. ¿Y las casas? Todas ordenadas, impolutas y ramos de flores acomodados en rincones estratégicos. ¿Pero eso es real? Quiero decir: ¿es todo felicidad y orden lo que reina en esas familias? En la mía desde luego NO.
En casa somos cuatro. Mi hijo mayor se despierta cada día a las 7.00 de la mañana independientemente de la hora a la que se acueste la noche anterior. Su padre se levanta a ponerle el desayuno mientras ve a pi (Peppa Pig). A eso de las 8 la niña decide que ya no son horas de estar en la cama y nos levantamos. Café, ¿zumo?, No, ya te ha dado papá. Con la taza aún echando humo me pongo el biquini; ya haré las camas a la vuelta de la playa que se hace tarde y a las diez debemos estar allí. Una ronda de crema (el año que viene la compro en spray). La nevera con la fruta y el agua, las toallas, pañales y toallitas... ¿se me olvida algo? Venga, vámonos.
A la vuelta, contenta por regalarles a mis hijos un poquito del Mediterráneo y todas sus bondades, hay que preparar la comida. Rápido, antes de que se duerma el peque. Pero antes hay que darle de comer a la otra. Uff, pues ya lo hará después. Y así el resto del día.
Ayer su papá los llevó a ver a los abuelos y yo aproveché para limpiar. La casa perfecta, de foto de blog. Hoy sí que saco la cámara e inmortalizo el momento pero antes me ducho que vienen de camino y quiero estar lista antes de que lleguen. Escucho las llaves en la puerta y ya están aquí. Cómo los he echado de menos y cuánto han disfrutado. ¿Y la foto? La dejamos para otro día porque hoy el desorden nos ha vuelto a invadir. Ahora me voy a dormir. Buenas noches.

martes, 12 de febrero de 2013

Adriana

Ya ni recuerdo el momento la fecha en la que abrí este blog. Rectifico porque el momento de mi vida sí. Era una época de cambios: nueva casa, nuevo centro de trabajo, nuevos compañeros..., dejando atrás muchísimas cosas que en aquél entonces me parecían inmejorables.
Ahora trabajo cerca de Málaga, tengo un piso a medias con el banco, una pareja estupenda, un hijo a punto de cumplir los dos años y otra que nacerá en un mes.

Llevo mucho tiempo enganchada a los blogs de cocina y desde hace unos meses también a los de decoración. Siempre me ha fascinado la pasión con la que abordan cada tema sobre el que escriben y la genialidad con la que lo hacen, y creo que por ese motivo siempre que intentaba escribir algo me echaba inmediatamente atrás.

Pero hoy ha llegado el día, y la primera entrada lleva el nombre de mi futura hija: Adriana. El niño se llama Manuel por mi suegro y ahora correspondía un nombre por parte de mi familia. Entonces, ¿por qué hasta ahora no me he decidido? La respuesta es bien sencilla: una promesa. Si tenía una niña se llamaría Ana. También prometí llevar un ramo de flores a alguien muy especial, visitar más a menudo a mi abuela y escribir en el blog. Al final he pensado cumplir estas últimas y hacerlo bien, y no condicionar el nombre de la pequeña a una promesa de su madre.

En fin, que en cuanto venga el padre de la criatura se lo confirmaré y se lo diremos al resto de la familia. Mientras tanto, ambas disfrutaremos de este secreto tan bien guardado.