Los niños duermen. Cenamos. Una ducha. ¿Un helado o un vaso de leche? Un ratito para mí. Estoy muy cansada. El día ha sido duro pero necesito parar y desconectar antes de ir a la cama. A menudo me ayuda en esa tarea encender el ordenador y consultar algunos blogs, ya sean de cocina o de las vidas de mujeres anónimas que nada tienen que ver conmigo.
Las primeras llevo años consultándolas. Veo fotos, ingredientes y resultados. Y ahí queda todo porque en pocas ocasiones he dado el siguiente paso: cocinar. Que sí, que ahora con dos niños tan pequeños es imposible hacer nada pero, ¿qué pasaba antes? No consigo recordar a qué dedicaba mi tiempo antes de ser mamá.
Y eso me lleva a hablar del segundo tipo: las que cuentan el día a día de mujeres guapas, independientes, trabajadoras, con niños recién salidos de la lavadora y un marido con barba perfectamente cuidada. ¿Y las casas? Todas ordenadas, impolutas y ramos de flores acomodados en rincones estratégicos. ¿Pero eso es real? Quiero decir: ¿es todo felicidad y orden lo que reina en esas familias? En la mía desde luego NO.
En casa somos cuatro. Mi hijo mayor se despierta cada día a las 7.00 de la mañana independientemente de la hora a la que se acueste la noche anterior. Su padre se levanta a ponerle el desayuno mientras ve a pi (Peppa Pig). A eso de las 8 la niña decide que ya no son horas de estar en la cama y nos levantamos. Café, ¿zumo?, No, ya te ha dado papá. Con la taza aún echando humo me pongo el biquini; ya haré las camas a la vuelta de la playa que se hace tarde y a las diez debemos estar allí. Una ronda de crema (el año que viene la compro en spray). La nevera con la fruta y el agua, las toallas, pañales y toallitas... ¿se me olvida algo? Venga, vámonos.
A la vuelta, contenta por regalarles a mis hijos un poquito del Mediterráneo y todas sus bondades, hay que preparar la comida. Rápido, antes de que se duerma el peque. Pero antes hay que darle de comer a la otra. Uff, pues ya lo hará después. Y así el resto del día.
Ayer su papá los llevó a ver a los abuelos y yo aproveché para limpiar. La casa perfecta, de foto de blog. Hoy sí que saco la cámara e inmortalizo el momento pero antes me ducho que vienen de camino y quiero estar lista antes de que lleguen. Escucho las llaves en la puerta y ya están aquí. Cómo los he echado de menos y cuánto han disfrutado. ¿Y la foto? La dejamos para otro día porque hoy el desorden nos ha vuelto a invadir. Ahora me voy a dormir. Buenas noches.
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